Guerra epistolar entre notarios

14 diciembre 2012
Noticias de Yucatán ()


Viernes, 14 de diciembre de 2012 - Edición impresa En: MéridaVoces del público

Carta abierta (II). A José Enrique Gutiérrez López.
En el editorial publicado en el Diario el jueves 13 de los corrientes haces alusión a la carta que remitiste a mi correo electrónico el 8 de este mes, la cual insertas literalmente en tu comentario periodístico antes indicado.
En la misiva que reproduces públicamente expones: “… muchos de los puntos de tu atenta carta o son verdades a medias o son debatibles, discutibles o de plano no se tocaron en la plática que sostuvimos el sábado pasado, por lo que entrar al análisis punto por punto de los conceptos que expresas resultaría altamente improductivo y desgastante no sólo para ti, sino para toda la comunidad notarial…”.
Como no sé si tu aseveración obedece a una ausencia preocupante de memoria en tu persona que te causa olvido en pocos días o bien tratas sutilmente de hacerme aparecer ante la población yucateca como un engañador al afirmar que algunos tópicos no fueron tema de nuestra conversación, lo cual es una inexactitud por no decir con otro lenguaje que faltas a la verdad con semejante aserto, me veo obligado a refrendar mi postura ante tu falta de aceptación de los puntos que se abordaron en nuestra discusión, confirmándote por esta vía pública que todo aquello que consta en mi carta es la síntesis de lo hablado en nuestra entrevista, por lo que no admito de ninguna manera quedarme callado frente a una argumentación tuya carente de veracidad, que se presta a la posibilidad de dejarme como falsario frente al conglomerado social, lo que me impele a ratificar abiertamente los conceptos que te envié en mi comunicación publicitada con fecha 7 de diciembre de 2012 en el Diario de Yucatán, por estar apegados estrictamente a la realidad.
No deseo ofenderte, pero déjame decirte que el valor civil no se compra en las boticas, se nace con él o se forja con el tiempo; que en el desarrollo de nuestra personalidad hay que poseer el carácter para aceptar con entereza lo que se hace, se dice o se comenta, pues no cabe echar a un lado la certeza de lo acontecido con retóricas que induzcan a una velada imputación, y quien así lo hace parece olvidarse de ciertos principios elementales de integridad que se abandonan en aras de una conducta obsesiva, envolviendo con el manto de la negación diálogos que fueron más claros que el agua de una fuente cristalina.
Y aquí, mi apreciado José Enrique, pongo punto final a futuros intercambios epistolares, con mis sinceros deseos de que tú igualmente lo hagas. rbolio56@yahoo.com.mx
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